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Mayo 9, 2004

A la Constitución por el chantaje

Una constitución es la norma fundamental de un país. Se trata de la ley básica que define la forma y función del estado, el marco en el que se han de crear las demás leyes de rango inferior, y que delimita el poder de coerción de los poderes públicos sobre el individuo. En ningún caso puede tratarse de una colección de leyes singulares; no es cuestión de reglamentar la vida de los ciudadanos, sino de declarar con nitidez hasta donde puede llegar el poder del estado y en que formas puede actuar. Debe, pues, ser nuestra primera barrera de protección frente al peligro totalitario que siempre forma parte del estado moderno.
Probablemente, el proyecto de constitución europea no cumple uno solo de estos requisitos. No es, por tanto, una norma constitucional, sino un compendio de tratados de diversa índole que acaban por definir una “barra libre” de las instituciones de la Unión Europea frente a nuestras libertades individuales. Incluso certifica la posibilidad de limitar las libertades básicas siempre que el propio estado lo considere necesario dejándonos, así, indefensos ante los caprichos de una burocracia que, escondida tras complejos sistemas electivos y cuotas de poder de los distintos estados que conforman la unión, se aleja del control efectivo de los ciudadanos. Quizás la mejor definición para esta constitución sea la que la dibuja como la herramienta definitiva que han ideado los estados europeos para terminar de saltarse las barreras que les impiden apoderarse de cada aspecto de nuestras vidas. Es imposible que ningún europeo sienta como suyas unas instituciones en cuya formación tiene muy poco que decir y cuyas decisiones se toman prácticamente al margen de cualquier control ciudadano. La Unión Europea es un club de estados y este proyecto de constitución así lo consagra.
Si cupiera alguna duda sobre el nulo carácter democrático de las instituciones europeas, creo que el proceso de aprobación de la constitución nos las resolverá todas. De momento, la mayor parte de los estados tratan de hurtarnos la posibilidad de votar en referéndum la aprobación de la norma. Cuando lo más democrático sería convocar un referéndum europeo, nos enteramos de que en muchos países la decisión saldrá de los parlamentos y no de las urnas. Sólo unos pocos países se han decidido por una consulta popular e incluso estos van a tener que soportar las presiones de la propia Unión, que ya ha amenazado con tomar medidas contra aquellos países que rechacen aprobar la constitución. ¿Qué podemos esperar de una Unión Europea cuya primera decisión es aprobar su Constitución mediante el chantaje? ¿Cómo podemos admitir que los burócratas europeos nos amenacen con echarnos del “club” si no nos inclinamos antes sus abusos? ¿Cómo podemos confiar en que este ente indefinible proteja nuestras libertades cuando lo primero que hace es robarnos nuestro derecho a decidir bajo que normas queremos vivir? Este engendro que llamamos Unión Europea es el fruto maduro del totalitarismo del siglo XX, la consagración definitiva del principio del Estado por encima de los ciudadanos. Precisamente por todo esto, es la hora de exigir un referéndum y de comenzar a proclamar la necesidad de decir no esta norma. Esta no debe ser la Constitución de Europa.

Escrito por Feyn Dem en: Mayo 9, 2004 5:31 PM