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Julio 7, 2004

A vueltas con el feminismo machista

Encuentro hoy en El Mundo un artículo de Cristina Peri Rosi, una escritora a la que he de reconocer que desconozco absolutamente, en el que se nos acusa a todos los que hemos mostrado algún recelo sobre la ley contra la violencia “de género” de desear mantener la situación de sumisión de la mujer en la sociedad. Afortunadamente es esa una situación que remite lentamente; conforme nuestras sociedades van creciendo y asimilando el amor por la libertad se genera una corriente de respeto por el otro que convertirá en triste anécdota, confío en ello, situaciones tan lamentables como las que vemos a diario en nuestras televisiones.
Mientras tanto es justo buscar la mejor forma de defender a quienes sufren violencia y acoso en su hogar y castigar ejemplarmente a quienes aprovechan situaciones de inferioridad para imponer un dominio obsceno sobre otra persona. Pero, ¿es justo que esa defensa sólo se practique si la víctima es una mujer? ¿Es moralmente aceptable que el duro castigo sólo se aplique si el acusado es un hombre? Según Peri Rosi, sí. Cuando la víctima es un hombre basta con el código penal, cuando la víctima es una mujer, no. ¿Por qué? No queda muy claro, parece que todo se justifica porque la mayor parte de las agresiones las sufren las mujeres. Sin negar este hecho ciertísimo no puedo aceptar que eso sirva para proteger menos a un sector de la población que a otro. Al hombre que sea maltratado por una mujer poco le importará ser parte de una minoría. Quizás la articulista considera que en ese caso el sufrimiento del hombre maltratado vale menos que el de la mujer, quizás porque el del hombre se disuelve en la histórica dominación machista y un hombre que sufre es una triste compensación por siglos de violencia contra la mujer. Como no entiendo de generalidades de este tipo y no juzgo a las personas en función de su pertenencia a una determinada categoría social, racial o sexual me resulta difícil sentir de forma distinta el dolor de las personas.
Cristina Peri Rosi compara la discriminación que justifica esta ley en función de absurdos como la “discriminación” que permite que los taxis o los autobuses circulen por carriles propios por las calles de nuestras ciudades. Confundir una ley penal con una normativa de tráfico es un absurdo injustificable pero además no sirve para el fin que busca la escritora. No hay vulneración de ningún derecho fundamental en esa normativa, cualquiera puede conducir un taxi independientemente de su sexo, religión o credo político; si ese es su deseo, señora Peri Rosi, consiga una licencia de taxi o un trabajo de conductor de autobús. Insiste en varios argumentos similares (protección a las personas mayores, viviendas de protección oficial, ¡defensa de especies en peligro de extinción!), confundiendo constantemente la reglamentación de ciertos servicios sociales con los derechos fundamentales del individuo. Llega a utilizar el mismo argumento machista que esgrimió el ministro de justicia: ningún hombre puede sentirse amenazado por una mujer. Aunque por razones fisiológicas siempre será más fácil que un hombre amenace a una mujer es estúpido negar la posibilidad contraria. Le puedo asegurar a Peri Rosi que yo podría sentirme razonablemente amenazado físicamente por una compañera de trabajo que competirá en breve en Atenas por una medalla en cierto arte marcial si ella no fuera una persona educada y nada violenta fuera de un tatami.
En fin, creo que la pregunta que deseo hacer a todas las personas que justifican que se castigue de forma distinta a un hombre que a una mujer que comentan un delito similar es: ¿en que perjudica a una mujer maltratada que se defienda de igual manera a un hombre maltratado? Yo creo que lo único perjudicado es el ego de algunas feministas.

Escrito por Feyn Dem en: Julio 7, 2004 6:17 PM
Comentarios

Totalmente de acuerdo. Hay que hacer algo si no queremos dejar un mundo asqueroso para nuestros hijos. Las denuncias como ésta no alcanzan porque no llegan a los medios de comunicación; sólo las leen personas que, previamente, han abierto los ojos y se han dado cuenta de la barbaridad que se está cometiendo. Es hora de plantearse salir a la calle.

Afortunadamente cada día somos más las mujeres que nos alarmamos ante esta situación aunque, por desgracia, las descerebradas nos sobrepasan en número.

Posted by: mjk en: Diciembre 17, 2004 4:55 PM