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Septiembre 10, 2004

El globo

En ocasiones el rostro retrata la personalidad. Al menos eso pensé ayer mientras observaba a Zapatero, con gesto bisoño como de niño en busca de aprobación, afirmar que, si todos los países siguieran su ejemplo y abandonaran Irak, eso abriría mejores perspectivas para el país. Ya me voy acostumbrando al tono infantiloide del presidente y a su obsesión por decir siempre lo que otros quieren oír, aunque eso implique bordear el ridículo, cuando no el absurdo. Resulta complicado encontrar a alguien que conserve algo de sentido común y que pueda sostener semejante afirmación y mantenerse serio. Desconozco si en Túnez esperaban o deseaban estas declaraciones pero creo que ZP pensaba que así era, que su absurdo blindaje frente al radicalismo islámico necesitaba una recarga, independientemente del futuro de los iraquíes que, entonces como ahora, nunca les ha importado.
Lo cierto es que, viendo al presidente, no podía evitar imaginarlo esperando su premio con un globo en la mano y eso me lleva a otro tema. El globo de hoy se llama “Ley del libro” y pretendía imponer un precio fijo para los libros de texto, prohibiendo los descuentos de hasta el 25% que hasta ahora se permitían. Esto parece casar mal con la tradicional pretensión socialista de que los libros en la enseñanza obligatoria sean gratuitos pero no es difícil ser incoherente cuando se trata de pagar apoyos y hacer demagogia. En una situación, ya de por sí absurda, en la que es el gobierno quien decide con qué libros se puede estudiar y entrega en mano un monopolio de facto a ciertas empresas, el último paso es que el gobierno determine el precio al que estos libros deberían venderse. Sí, ya sé que los libros de texto no son simplemente códigos de barras y que está feo que prefiramos las grandes superficies a la pequeña librería, esta muy mal que nos creamos con derecho a elegir. Pero tranquilos, aquí viene el gobierno del PSOE para liberarnos de la carga de tener que decidir. Según Blanco esto nos abrirá nuevas cotas de libertad, la libertad de ir a comprar aquí o allí pero siempre al precio que el editor le susurre al oído al gobernante de turno.
Ya han dicho que se trata sólo de la expresión de un deseo. Eso nos suena de antes y no es tranquilizador, los gobiernos suelen conseguir los medios para hacer realidad sus deseos. Este globo ha estallado, pero poco tardará Zapatero en tener uno nuevo en la mano. Un nuevo globo que será como su política: vistosa, llamativa, alegre y llena de algo más ligero que el aire.

Escrito por Feyn Dem en: Septiembre 10, 2004 9:23 PM