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Octubre 7, 2004

Mi ley, tu ley, su ley

Existen dos formas de relacionar la igualdad y la ley. Podemos buscar la igualdad ante la ley o la igualdad mediante la ley. A lo largo de la historia son cientos los ejemplos de sociedades cuyas leyes se aplicaban de forma distinta según quien fuera el implicado, sociedades jerarquizadas en las que los derechos dependían de la ciudadanía, las propiedades, el sexo, el color de la piel... El logro de una ley igual para todos, incompleto como es, nos convierte en hombres libres porque la desigualdad nos convierte a todos en esclavos. No es esta la visión sobre la ley que muchas ideologías sostienen. Socialistas, comunistas... todos ellos prefieren buscar la igualdad discriminando por ley como si la barbarie fuera aceptable en función de la dirección que tome el viento, como si discriminar a determinada gente pudiera ser santificado por ciertos beneficios dudosos a corto plazo. Haciendo que la ley sea aplicada a todos según un mismo patrón es como se alcanza la igualdad real; es una apuesta a largo plazo, no dará titulares ni votos pero es lo justo y es la única garantía de libertad que tenemos.
Cuando un sector de la población persigue una legislación discriminatoria, sea a su favor o en contra de otros, conviene sospechar de sus intenciones. Ya comenté hace algún tiempo que lo importante en una ley contra la violencia doméstica era que protegiera a las víctimas. Me pregunté entonces, como hago ahora, en qué perjudicaba a las mujeres de este país que la ley proteja a todos de igual forma. No lo hace. No perjudica a las mujeres, perjudica a quienes buscan su hueco en la estructura del poder, a quienes pretenden hacer una sociedad a su medida y no una sociedad libre y justa. El simple hecho de que en el proyecto de ley se pretenda introducir una tímida e incompleta reforma para incluir a otras víctimas de la violencia, ha bastado para que el feminismo en pleno salte indignado: ¿qué es eso de tratar a otros igual que a ellas?
“Nos han desbaratado la ley. Era una ley contra la violencia de género, una ley que identificaba claramente a las víctimas: las madres y sus hijos. Todo lo que sea añadir colectivos vulnerables es desnaturalizar la ley que nosotros apoyamos en su día. Colectivos vulnerables son también los animales domésticos. Que los incluyan, por favor”. Así se expresa Ana María Pérez del Campo, presidenta de un colectivo de mujeres separadas y divorciadas para la que debe existir una ley para las mujeres y otra para los demás: perros, gatos, hombres... Según Enriqueta Chiclano, de la Federación de Mujeres Progresistas, la ley “ya no (les) gusta”. “El género era el espíritu de la ley. O queda como estaba en el proyecto original o prefiero que no se toque el Código Penal”. Como decía, lo importante no son las víctimas. Es su ley, es la demostración palpable de que son algo por encima de otros.
El género no puede ni debe ser el espíritu de ninguna ley; la justicia, la libertad, la seguridad de todos debe ser ese espíritu. O mantenemos que todos hemos de ser iguales ante la ley o estaremos caminando de vuelta hacia la más estúpida barbarie.

Escrito por Feyn Dem en: Octubre 7, 2004 8:12 PM
Comentarios

Excelente artículo, te felicito.

Posted by: Carmelo en: Octubre 11, 2004 12:07 PM