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Noviembre 24, 2004

Consumidor forzado, consumidor estafado

Nadie discute que cuando se adquiere algo, sean bienes o servicios, se han de saber ciertas cosas: a quien y bajo qué condiciones se compra, por cuanto y para qué se compra. Cuando la adquisición es, digámoslo así, directa, algunas de estas cuestiones son exigibles y el resto de puro sentido común. Resulta curioso observar cómo dejamos a un lado derechos y sensatez cuando son otros los que compran por nosotros por mucho que el dinero gastado siga siendo el nuestro. Estos días se discute el precio de cierto programa con nombre de fruto y presentadora de cuota política que se emite en la televisión pública. Con sospechosa presteza, la directora general de RTVE, Carmen Caffarel, ha pedido a quienes han sacado a la luz pública la factura, "lealtad” hacia la empresa que les paga olvidando que esa empresa somos todos los españoles y que, por lealtad, sentido común y decencia, no debería ser la prensa el medio por el que nos enteráramos de estas cosas. No sé si el precio publicado es alto o bajo para un programa de televisión, lo que sé es que en ningún caso es admisible que se pretenda ocultar esa información a quien paga las facturas. No sólo deberíamos saber cuanto, deberíamos saber a quién, en qué condiciones y cuál es el objetivo que se persigue emitiendo el mencionado programa. Cualquier otra cosa es una estafa al consumidor que, por la gracia de la empresa pública, nos guste o no, lo queramos o no, somos todos.

Escrito por Feyn Dem en: Noviembre 24, 2004 12:30 PM