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Diciembre 22, 2004

Sincronicemos los relojes

Cuando algunos políticos creen adquirir toda su legitimidad en las urnas, una victoria electoral, por escasa e inestable que esta sea, enciende esa luz que llevan dentro y que les hace desear redecorar la realidad a su gusto. “Este país no lo va a reconocer ni la madre que lo parió”, afirmó un conocido dirigente del PSOE en los ochenta enfebrecido por una aplastante victoria electoral. Y poco después enterraron a Montesquieu. Veinte años después, tras pisotear un poco más los huesos del francés por si hacía amago de levantarse, los discípulos de los ingenieros sociales del siglo veinte han descubierto que la estructura del Estado y sus instituciones no son nada frente a su voluntad de transformación. Ayudados por sus aliados en lo que queda de los otros poderes del Estado, hace tiempo que decidieron que la Constitución española no sólo no es intocable sino que ni siquiera es necesario que sea la voluntad de todos los españoles la que dirija el cambio, basta con la suya y la de sus muy minoritarios e independentistas socios. Tal es la voluntad de transformación de los socialistas que, dentro de su propio partido, surgen voces que quieren llegar aún más allá. Si han enterrado media historia de la filosofía política, ¿qué es España para ellos? Obviamente, nada. Desde el País Vasco y desde Cataluña los dirigentes locales del PSOE, erigidos en pequeños capitanes generales de una guarnición de iluminados, han tomado la historia de España al asalto, han resucitado el espíritu de comunidad nacional de los fascistas de toda la vida y se están repartiendo el botín mientras el dormilón de la Moncloa parece no encontrar tiempo para explicarnos dónde lleva este barco que dice dirigir.
Pero, como decía, la legitimidad de los representantes del Estado en el ejecutivo, en el legislativo y en el judicial, no nace de las urnas o del dedo bendecido de un presidente. No exclusivamente. Olvidan, mientras se dividen los despojos, que todo este entramado se sustenta en una ley de leyes, la Constitución, que es el armazón que sostiene todo este invento. Lo que están haciendo no sólo es intentar cambiarla, es quitarle toda la fuerza que tiene como ley superior. Una ley en constante cambio, en imparable subasta, no tarda en perder el respeto de cualquier pueblo y una ley que la gente no respeta es papel mojado. Así, quizás deberían recordar que destruyendo la Constitución y maltratando la historia del pueblo que la sustenta están a punto de encender una hoguera en la que su propia codicia puede hacerles arder. Sin una idea de España y sin una Constitución respetable y respetada partimos de cero. Ellos también.

Escrito por Feyn Dem en: Diciembre 22, 2004 7:34 PM
Comentarios

Exacto Feyn, la clave de todo es la Constitución, que quieren convertirla en una de esas pizarras para ejecutivos donde limpias lo que te apetece con sólo pasar la mano. Eso será así, desde luego, hasta que hayan perpetrado su propia Ley de leyes, en cuyo caso pasará a ser una especie de Sagrado Corán del que resultará imposible cambiar ni una letra.

Posted by: Policronio en: Diciembre 22, 2004 10:05 PM

Si llegan a reconocer lo de "nación de naciones", el fin de España estará próximo, la Constitución se basa en la idea de nación española y soberanía del pueblo español, con la fórmulita maragalliana se excluyen ambas ideas.

Saludos

Posted by: Gustavo en: Diciembre 23, 2004 11:17 AM