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Enero 21, 2005

Tres millones menos

O lo que es lo mismo, 18,7 millones de espectadores pagaron su entrada para ver cine español este año pasado frente a los 21,7 del año 2003. Aunque este tema ya ha sido convenientemente tratado por Emilio Alonso y Carmelo Jordá en sus bitácoras, no puedo resistirme a hacer mi propio comentario al respecto.
A pesar de haber producido prácticamente la misma cantidad de películas (125 frente a 126), de haber recibido las convenientes subvenciones directas e indirectas, de haber tenido a su servicio una legislación que obliga a que sus películas sean proyectadas independientemente de los criterios comerciales de las salas y, en fin, de haber disfrutado de todas las ventajas de un gobierno intervencionista trabajando en su favor en lo material y en lo propagandístico; a pesar de todo esto, tres millones de espectadores menos. Y en un año en el que ha aumentado el número de espectadores global.
Para cualquier hijo de vecino esto significaría que algo se tiene que estar haciendo mal, si la gente no está dispuesta a pagar voluntariamente por ver cine español ha de ser porque las películas no resultan interesantes. Frente a esto, hay dos posibles visiones, la que desprecia la capacidad de decisión del ciudadano y la que busca ganarse el respeto del público. Durante años, la industria cinematográfica española ha podido sobrevivir gracias al dinero de nuestros impuestos, el que no entregamos por las buenas nos lo roban por la vía del Estado. Esto no puede tener otra consecuencia que una progresiva divergencia entre lo que el espectador quiere ver y lo que la industria le ofrece, dado que los productores, directores y actores no tienen la obligación de satisfacer las exigencias del ciudadano. Curiosamente, lo que en muchas otras actividades sería considerado inmoral e inaceptable, aquí se defiende a través de una supuesta defensa de la cultura española. Es más que discutible que alguna de las 125 películas españolas exhibidas en nuestros cines el año pasado hayan colaborado en algo a engrandecimiento y difusión de nuestra cultura dada la cantidad de gente que ha ido a verlas y teniendo en cuanta la calidad de las producciones, que discurren entre lo chabacano (Isi/Disi, Pocholo y Borjamari…) y lo desvergonzadamente político (Hay motivo). Dejar en manos del Gobierno la definición de los que es cultura y lo que no tiene estos riesgos, y hurtarnos la capacidad de decidir en qué dirección debe ir esa muestra de cultura que es el cine provoca cosas como que el 50% de los encuestados muestren una clara animosidad contra la producción nacional.
A pesar de todas estas pruebas de lo perjudicial que es a largo plazo para cualquier industria acogerse bajo las alas de la subvención, los productores, que ya están muy acostumbrados a no incluir el criterio del espectador en sus cálculos, optan por la vía fácil: dado que vivir del cuento me ha vuelto incompetente necesito más ayudas para defenderme de mi incompetencia. “Éxito no es equivalente a calidad”, al menos según José Antonio Félez, productor. Pero queda muy cerca, en la mayor parte de los casos un producto de éxito es un producto de calidad, o al menos con una buena relación calidad/precio. Esta muestra de desprecio por el saber hacer de la gente que les paga el sueldo es sencillamente intolerable y una de las razones, junto con los bodrios que exhiben, por las que se han ganado no solo la indiferencia sino el desprecio de muchos aficionados al cine. Pero ellos piden más dinero y culpan de los malos resultados a la competencia del cine estadounidense; una competencia contra la que no quieren luchar, prefieren puentearla con nuestro dinero que es mucho más cómodo. Mientras se mantenga el actual esquema de producción, alejado del espectador y dependiente de criterios políticos, es imposible que nuestro cine tenga buenos resultados en taquilla, mucho menos que se produzcan películas atractivas para quienes llenan los cines. Pero vayan ustedes a explicarles a quienes se han acostumbrado a vivir a la sopa boba que van a tener que empezar a esforzarse por complacernos.

Escrito por Feyn Dem en: Enero 21, 2005 11:11 AM
Comentarios

Sería interesante presentar unos datos que a más de uno (posiblemente, que siempre hay gente muy retorcida para justificar lo injustificable) le serían clarificadores.

Una tabla con el nombre de la película, expectadores que ha tenido, cuantía recaudada por esos expectadores, subvención recibida, conversión de la subvención a "entradas", y ver que porcentaje de ingresos proviene de los que libremente han decidido pagar por ver esa película y los que obligatoriamente la han pagado sin verla Y/O SIN NINGÚN INTERÉS EN ELLA
Por ejemplo (y los datos son fruto de mi desconocimiento)

NO HAY MOTIVO-->480 Expectadores-->2800€(expectadores)-->Subvención 48.000€-->Subv. convertida Expect. 8.000 expect. ficticios--> %ingresos voluntarios 5,66%-->%ingresos "obligatorios" 94,34%

Bueno, y esto sería una aproximación muy burda, ya que un porcentaje de los ingresos en taquilla se los quedarán las salas de exhibición, etc... lo ideal sería sabiendo cuanto reciben los productores neto de las salas y cuanto de las subvenciones. Con lo cual el porcentaje de ingresos "obligatorios" o "en pago de los servicios prestados", se dispararía.

En fin, que yo soy uno de los que no va al cine a ver películas españolas.

Posted by: Numantinus en: Enero 21, 2005 12:09 PM

No si está claro, el 50% esta harto de aguantar propaganda socialista en el cine y pasa de pagar por eso ... y el otro 50% se aburre mortalmente y prefiere sin dudar cualquier pelicula USA que aguantar un panfleto aunque sea de los suyos.

Posted by: Alfonso en: Enero 21, 2005 8:48 PM