De esto sí que podría hacer una serie. Los lectores habituales de esta página ya conocerán mis aventuras con el EMV. Hoy tenemos nuevo capítulo: el primer intento de entregar la documentación. Se ha quedado en intento gracias a una cola de más de 200 personas y a que uno nació con una pierna ligeramente defectuosa que hace poco recomendable pasarse tres horas de pie.
Y tras esta nueva experiencia con la capacidad de organización de los servicios públicos, de vuelta a casa con los papeles en la mano, me encuentro con dos cartas en mi buzón que no van dirigidas ni a mi nombre, ni a mi dirección. Para que no digan que me mosqueo por un simple error diré que esto viene sucediendo desde hace unos meses, en los que los vecinos de este edificio nos dedicamos a pasarnos cartas cuando nos cruzamos por las escaleras. Sospecho que en Correos, para cumplir con alguna cuota de nuevo cuño, han contratado como cartero a algún analfabeto así que no espero que lea estas líneas pero, por si en vez de analfabeto es, sencillamente, un inútil, ya he mandado un mensajito a su empresa loando su trabajo en favor del mutuo conocimiento de los vecinos de este edificio.
Sí, ya sé que no es políticamente correcto, pero qué le voy a hacer, me cabrea tratar con incompetentes.