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24 de Abril 2005

El Estado casamentero

Como ayer puse un post tomándome a sano cachondeo la política exterior de Zapatero a costa de su obsesión con el matrimonio entre homosexuales, he pensado que no estaría de más explicar un poco mi posición al respecto. Quizás la primera cuestión que me viene a la cabeza sea el origen de la interferencia del Estado en el matrimonio y la familia. Ambas instituciones sociales son previas a la existencia del Estado e independientes, por tanto, de su presunto toque legitimador. El matrimonio, como celebración de un compromiso entre dos personas y de la fundación de una nueva familia, tiene un significado tan antiguo como la civilización humana; es un factor estabilizador, no sólo de cara a la sociedad, que también se compromete a través de las familias de ambos contrayentes, sino para la propia pareja y, muy particularmente, para la mujer y los futuros hijos. Todo esto, como digo, es previo e independiente de la aparición del Estado. La intervención de los poderes públicos, además de su infinito afán controlador, se justifica en cierto tipo de políticas que tratan de fomentar la estabilidad familiar como factor de estabilidad social y la natalidad como aseguradora del futuro de esa misma sociedad. Todo esto se traduce en una serie de privilegios fiscales y ayudas económicas, de un trato de favor frente a los miembros de esa comunidad que no han decidido formar una nueva familia. Visto así, el matrimonio homosexual con sanción estatal tiene una justificación dudosa. Desde el punto de vista de la calma social poco aportan por su propio carácter minoritario y por su realidad física como pareja no pueden acogerse al factor de la natalidad.
De esta forma, si los privilegios estatales que justifican la sanción de los poderes públicos sobre el matrimonio no son aplicables, o no lo son de forma sustancial, a las parejas homosexuales, no queda mucho margen para favorecer este tipo de matrimonios. Nos encontramos, pues, frente a la exigencia de una serie de privilegios que tienen su justificación en algo a lo que las parejas homosexuales no se pueden acoger salvo que se les permita adoptar. Y aquí entramos en la segunda parte de la discusión, ¿deben las parejas homosexuales tener derecho a adoptar niños? Si la respuesta es afirmativa, queda justificada la aceptación del matrimonio homosexual porque esas parejas ya tienen suficientes características de las tradicionales. En mi opinión, que ya he expresado alguna vez, el hecho de que la pareja sea homosexual es un factor a tener en cuenta a la hora de adoptar niños. En igualdad de condiciones, siempre debería favorecerse la adopción por parte de parejas heterosexuales por el bien del niño, por la simple razón de que conviene que los niños se desarrollen en un entorno lo más normal posible y, por mucho que clamen las asociaciones de gays y lesbianas, una pareja homosexual no es una pareja normal. Conociendo las extraordinarias dificultades para adoptar que existen en este país no sé que margen para dejaría esto a las parejas homosexuales que quisieran adoptar pero me parece que es una medida razonable si consideramos que lo que existe y debe defenderse es el derecho del niño a ser adoptado por la mejor familia posible, no los derechos de los aspirantes a padres a querer tener hijos si no pueden por la vía tradicional.
Hay otro punto que me gustaría tocar y son los llamamientos apocalípticos de ciertos sectores que afirman que este tipo de matrimonios acaban con los fundamentos de la sociedad. El propio carácter minoritario de la homosexualidad impide que toda esta historia sea un peligro real, los homosexuales nunca serán más que un porcentaje muy minoritario de una sociedad ya que cualquier especie animal en la que el porcentaje de individuos homosexuales fuera significativa desde el punto de vista reproductivo acabaría extinta. El hecho de que ahora los homosexuales sean mucho más visibles según la sociedad va aceptando su presencia sin complejos no implica que sean más que antes sino que son libres para serlo.
Hay una solución sencilla para toda esta polémica y consiste en que el Estado saque las zarpas del matrimonio y la familia. Una vez despojado de privilegios, el matrimonio lo contrae quien quiere como compromiso tomado libremente entre personas libres. Si lo que buscan los homosexuales es la concesión de los mismos privilegios que tienen las parejas heterosexuales habrá que ver si aportan a la sociedad el tipo de cosas que los justifican.

Escrito por Feyn Dem en: 24 de Abril 2005 a las 11:54 AM