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5 de Mayo 2005

Todo a media luz

Romántico, ¿verdad? Decía Ibarreche que su reunión de hoy con Zapatero sería a oscuras, él se refería al apagón informativo que han escenificado ambos cargos públicos pero no puedo evitar imaginarme la tierna escena de estos dos enamorados que, tras muchos flirteos y guiños cariñosos, al fin se encuentran en la intimidad de una habitación de la Moncloa para compartir caricias en forma de consignas y tímidos susurros al oído, secretos que no contarán a los ciudadanos españoles, sus despistadas carabinas.
El encuentro furtivo ha durado dos horas y no sabemos cuánto de ese tiempo se les ha ido en las maniobras previas para encontrar el tono adecuado y poder hallarse entre tanta oscuridad. El caso es que los comunicados de prensa que Zapatero e Ibarreche han publicado después de la reunión, cual sábana manchada de sangre virginal como en tiempos que ninguno conocimos, nos dicen que algo ha pasado pero ni qué, ni cómo. Son tímidos, quizá no deberíamos ser groseros y pedirles detalles pero ya saben cómo son estas sociedades modernas, queremos saberlo todo, sobre todo cuando los ejecutantes dicen representarnos. Uno de los más íntimos amigos de la pareja, Pepiño para los amigos, ha criticado nuestra malsana curiosidad; nada debemos saber salvo que en un futuro habrá un alumbramiento. ¿Será niño o niña, Pepiño? Será lo que tenga que ser, lo que digan los amantes y el oráculo batasuno. ¿Y cuanto nos costará, amigo José? Ya hemos pagado en sangre una buena entrada y soportado insultos, chantajes y torturas para que ahora podáis yacer juntos, iluminados sólo por la luz de los fogonazos de cientos de disparos y explosiones cuyo sonido os acuna en el lecho. Esa es nuestra pregunta, Zapatero, Ibarreche, Blanco... ¿Cuánto más? ¿Hasta cuando vais a seguir maltratando y engañando a quienes os sostienen? Quizás hemos de seguir soportando que nos toméis por idiotas y nos digáis lo que debemos saber y lo que no, lo que nos conviene oír y lo que es mejor que se quede en vuestras privilegiadas cabezas... quizás este pueblo esté lleno de pusilánimes que prefieren no escuchar los gritos de los inocentes, que anteponen la paz a su libertad y su dignidad. Pensad, mientras os acurrucáis el uno en brazos del otro, que todos somos los perfectos idiotas cobardes que vuestro amigo Blanco presume que somos. Soñad con ello y apagad la luz, qué os puede importar la luz a quienes camináis por la vida a ciegas, y que no se os pase por la cabeza la incómoda idea de que vuestro retoño puede no ser de nuestro agrado. ¿Qué clase de monstruos saldrán del sueño de vuestra razón trastornada? Pero no nos lo digáis, ya nos enteraremos en su momento, cuando papá y mamá decidan, como niños buenos.

Escrito por Feyn Dem en: 5 de Mayo 2005 a las 07:20 PM