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30 de Mayo 2005

Europa y sus versiones

Ya son muchos los que han comentado las implicaciones del No francés al tratado “constitucional” europeo así que, para el que quiera análisis de varios colores y sabores, le recomiendo que se pase por aquí y disfrute. Por mi parte, me gustaría comentar un par de cosas que, no por conocidas, dejan de sorprenderme para mal. Todo el proceso de ratificación de este tratado se ha visto salpicado de pequeños escándalos que ya forman uno de esos bultos sospechosos a los que es difícil mirar y se hace aún más complicado esquivar. Desde los países que han optado por la ratificación parlamentaria por miedo al resultado de un referéndum (ya vemos que con razón), pasando por España, con su sí en el que la única vencedora fue la desidia de quienes decidieron no ir a votar porque esta Europa les suena a chino mandarín, hasta el sólido rechazo de Francia y el futurible de Holanda o Gran Bretaña, está quedando claro que el proyecto europeo capitaneado por Giscard d’Estaing y los euroburócratas no conecta con los ciudadanos o lo hace para mal. Pero, lejos de reflexionar tras tantos golpes, aquellos que piensan que Europa es lo que ellos deciden, pasando por encima de la opinión de los europeos, ya están preparando los bártulos para resistir en sus baluartes de Bruselas frente a la tozuda realidad. Ya ha dicho d’Estaing que si hace falta votar cien veces así se hará, ya han afirmado unos cuantos "estadistas" que esto sigue adelante, cual tren descarriado, precisamente porque no hay un Plan B al que echar mano. Nuestros políticos, y aquí entran todos los que se les pasen por la cabeza, han planteado un camino sin pensar que quizás el rebaño no querría seguirlo y, ahora, escandalizados porque las ovejas pretenden hacerse oír, nos dicen que si no lo queremos por las buenas nos lo darán por las malas, que es su camino o ningún camino. Si esto es el germen de la democracia europea tendremos que pensar en atajar la infección antes de que crezca más; si este es su único camino, por vanidad, incompetencia o despotismo, entonces quizás habrán de quedarse solos en él mientras los que creemos en Europa como algo más que el patio de recreo de los herederos del estatalismo del siglo XX escogemos el nuestro, ese en el que los que cuentan son los ciudadanos europeos por encima de sus gobiernos.
Sé que el No francés tiene mucho de extremista, de ciego y chillón ante la globalización y, también, que poco tiene de liberal, pero el tratado está herido de muerte y, a la larga, la construcción europea ha recibido una sacudida que quizás nos saque de las actuales vías por las que circulamos y nos lleve a un destino que realmente merezca llamarse democracia europea. Europa podría estar hoy más viva y más sana que ayer, crucemos los dedos.

Escrito por Feyn Dem en: 30 de Mayo 2005 a las 08:43 PM