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14 de Septiembre 2005

Vendidos

La democracia es dura con sus servidores. Exige honestidad, claridad a la hora de declarar los objetivos perseguidos y los medios utilizados y mantiene siempre sobre sus cabezas la espada dispuesta a eliminar al que se atreva a desafiar la ley y la autoridad del pueblo soberano. O así debería ser. Uno de los supuestos servidores de esta democracia, Patxi López, ha osado sugerir la conveniencia de un pacto de silencio entre los medios de comunicación, el Gobierno y ETA. Nada ha pasado. La espada sigue en su sitio, que debe ser un sótano profundo y bien cerrado.
Este es un episodio más de la negociación que mantiene al ejecutivo en pleno, junto al PSOE y los partidos nacionalistas vascos, dando vueltas alrededor de la casa donde descansa el asesino de cerca de mil de los nuestros. Esperan una señal, ceden una y otra vez, dan aire al ahogado y niegan estar haciéndolo. La democracia da a elegir al servidor público entre ser honesto o ser juzgado por falsario. Salvo que ni esto es una democracia ni tenemos una justicia digna de tal nombre.
Tras un verano lleno de rumores y globos sonda sobre treguas y contrapartidas, hoy, sin pedirla, nos llega la cuenta que nos quieren hacer pagar. Acercaremos a los asesinos de ETA a sus casas, le daremos la llave de la prisión a sus hermanos y esperaremos a ver cómo abren la puerta. A cambio, obtendremos unos meses de calma. La calma que vivirán los que tendrán que cruzarse con los asesinos de sus familiares, con los chantajistas y los torturadores, con los miserables que brindaron por la muerte de los suyos, con los que han pretendido siempre vernos muertos o de rodillas y ahora han conseguido que nuestro propio gobierno intente hacernos hincar la rodilla en la tierra. Ni arrepentimiento ni entrega de las armas, saldrán a la calle a puñados a cambio de nada. Meses después, cuando planteen sus exigencias de independencia, cuando ordenen la entrega de Navarra en una bandeja de plata, tendremos que aceptar o enfrentarnos a una ETA reforzada. Quizá para entonces hayamos aprendido la lección y pelearemos pero quien sabe cuantos muertos más nos costara la cobardía del señor Zapatero. Nos han vendido barato; nuestra dignidad como país, la respetabilidad de nuestras leyes e instituciones a cambio de un poco de tiempo más sin muertos.
Todos queremos el fin de ETA, no permitamos que a los que nos negamos a rendirnos nos acusen de querer que los asesinos sigan haciendo de las suyas. Lo que queremos es vencer. Sí, queremos vencer porque una democracia, si quiere serlo, debe aplastar a la tiranía, no negociar con ella. Porque si esa gentuza ha de vivir entre nosotros debe ser según nuestros términos y siguiendo nuestras leyes. Queremos vencer porque una democracia incapaz de hacer justicia a sus ciudadanos es una marioneta patética. Pónganle la cara que quieran a ese muñeco andrajoso e inerme. Si lo que hemos escuchado hoy es cierto, y de veras me gustaría pensar que no lo es, ese muñeco es nuestra democracia y no nos quedará más remedio que hacernos uno nuevo.

Escrito por Feyn Dem en: 14 de Septiembre 2005 a las 06:56 PM