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16 de Septiembre 2005

La otra

Eran otros tiempos y los señores pudientes mantenían una familia que les otorgaba cierta dignidad social y credibilidad mientras, por otro lado, pagaban un pisito y la vida disipada de su querida, popularmente conocida como la otra. La otra les ofrecía los encantos de la juventud y ciertas alegrías que no se esperaban de la legítima y, aunque el tiempo pasa, ciertas costumbres, modernizadas, permanecen.
Mantenemos los madrileños (léase esto en género neutro) una legítima que nos sale cara y bastante inútil. Algunos ni siquiera vemos por ningún lado eso de la dignidad y la credibilidad y, lo que es peor, ni siquiera nos ha dejado descendencia que nos cuide en la vejez. Esta mañana hemos descubierto que tenemos, además, una querida en analógico (mejor no pregunten) a la que pagamos el piso y, mucho nos tememos, la vida disipada. Lo que no debemos esperar es que nos devuelva las sensaciones de la juventud perdida ni las añoradas alegrías.
Yo, por mi parte, estaría encantado de ceder discretamente nuestra nueva compañera a algún amigo (algo he escuchado de un conocido catalán que prácticamente las colecciona) y me divorciaría de la legítima, que ahora esas cosas se hacen exprés, como el café. ¿Se imaginan ustedes la de cosas que podría hacer una vez libre de esa carga?

Escrito por Feyn Dem en: 16 de Septiembre 2005 a las 07:53 PM