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23 de Octubre 2005

Los idiotas

Suelo tomarme estas noticias como lo que son, filtraciones directas desde Moncloa para tranquilizar a la parroquia y buscar la reacción ajena. Suponer que los españoles vamos a cerrar los ojos ante algo como el estatuto nacionalista catalán a cambio de una tregua etarra que previsiblemente valdrá lo que ha valido siempre cualquier cosa que haya salido de esa gente y sus lacayos, es tomarnos a todos por idiotas. Y lo mismo acaban teniendo razón.
Una tregua de ETA sería una buena noticia si pudiéramos tomárnosla en serio y si se llegara a ella sin ceder parte de la dignidad democrática, ya escasa, de este país, lo que, en conjunto, parece bastante improbable. Lo más realista es interpretar una posible tregua de ETA como una maniobra conjunta de los grupos independentistas vascos y catalanes. Los asesinos declaran una tregua (en realidad una expansión de la que ya mantienen en ciertos territorios y sobre cierta gente) y se aprovecha la previsible explosión de euforia, convenientemente inflada por los medios afines, para colar el estatuto catalán con algún cambio cosmético insustancial. No descartemos tampoco unas elecciones generales en las que se pinte a cualquiera que denuncie la todo el montaje como un peligro para la situación de “paz y concordia” alcanzada. Con un estatuto que es un primer paso para la transformación de Cataluña en un estado nacional-socialista independiente, una mayoría socialista más sólida que la actual en el parlamento español y con ETA con las pistolas bajadas, se volvería a plantear un proyecto parecido al plan de Ibarreche que sería aprobado porque, en caso contrario, todos sabemos lo que pasaría con esas pistolas temporalmente silenciadas.
La hipotética tregua de ETA no es más que una nueva forma de amenaza a los que se enfrenten al proceso de aprobación de estatuto catalán, algo que confirma la noticia publicada hoy en El Periódico. Ver el proyecto nacionalista paralizado o transformado hasta cierto punto, inadmisible por los nacionalistas, en el Parlamento, supondría una ruptura de la tregua y los que hubieran planteado la batalla contra el proyecto serían acusados, en uno de esos nuevos giros del “algo habrán hecho” que tanto gusta a algunos, de ser los culpables del fracaso del “proceso de paz”.
Bastará con que no olvidemos ciertos principios básicos. La derrota de ETA no puede suponer una traición a las víctimas ni un premio político para los verdugos; el Estatuto no puede convertirse en una reforma del marco constitucional que evite que la decisión última la tome el pueblo soberano. Si olvidamos esto nos habremos ganado todo lo que venga después porque, realmente, habremos actuado como idiotas.

Escrito por Feyn Dem en: 23 de Octubre 2005 a las 01:35 PM