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26 de Octubre 2005

Socialismo destilado

Ya están reculando pero, mientras tanto, podemos disfrutar de la última medida antiliberal propuesta por este gobierno gracias a la ministra de cuota por antonomasia (con permiso de Carmen Calvo), María Antonia Trujillo, que pretende que sea posible expropiar los pisos que se considere que no cumplen su “función social” por estar vacíos.
Plantear la posibilidad de que la propiedad de un ciudadano sea expropiada por no hacer con ella lo que el Estado cree oportuno sólo se justifica gracias a esa parte de la Constitución española que somete el derecho a la propiedad privada al corsé de la “función social”, una de tantas barbaridades que contiene este libro que ahora defendemos más por lo grotesco de la alternativa que por otra cosa. La “función social”, por supuesto, es lo que el gobernante o la ministra de turno defina así que, cuando Trujillo piensa que todos los pisos deberían estar ocupados, eso pasa a convertirse en la función social de todo inmueble de este país.
El principal objetivo de todo progre que se precie es el especulador inmobiliario, ese individuo malvado que pretende vender su propiedad cuando le resulte más beneficioso. Como cualquiera con algo de sentido común debería comprender, todos somos especuladores, todos pretendemos vender lo que es nuestro al mejor precio posible, sea esto nuestro viejo coche, nuestro trabajo o nuestro piso. Es más, esta actividad especulativa es lo que permite que en un sistema de libre mercado se asignen los medios existentes a aquellos fines donde más útiles son, donde más satisfacen a los consumidores. Pero, además, hay otro factor añadido y paradójico en este proceso de especulación inmobiliaria. Invertir en pisos es más rentable que otro tipo de inversión, en otro caso los mismos que especulan con casas y solares invertirían su capital en ese otro sector, y esa rentabilidad se percibe como, no sólo más elevada, sino más estable en el futuro gracias a un ingrediente mágico, el mercado del suelo. Este mercado, extraordinariamente restringido y regulado, es el origen de más de la mitad del precio de los pisos (y subiendo) única y exclusivamente porque existe un monopolista del suelo que actúa a través de una serie de organismos que se financian gracias a la recalificación urbanística y que se llaman ayuntamientos y comunidades autónomas. Es decir, si existen especuladores inmobiliarios es, en buena medida, gracias al propio Estado, que busca el máximo beneficio de su monopolio de facto sobre el suelo edificable.
Por otro lado, buena parte de los pisos vacíos son la inversión a largo plazo de muchas familias, no precisamente ricas, de este país. Parejas que pretenden financiar los últimos años de su jubilación con la vente de un inmueble o que aspiran a poder legar a sus hijos uno de los bienes más preciados, una casa, esos son algunos de los que se verán afectados por el nuevo proyecto socialista. La medida de Trujillo supone la práctica prohibición de este tipo de ahorro que, incluso en ausencia de la influencia del Estado, es de las que menos posibilidades tienen de perder valor a lo largo de los años. Las familias, por tanto, se verían obligadas a buscar formas de inversión más arriesgadas, de forma que el Partido Socialista acaba de proponer una ley que pone en una situación más precaria a esa parte de las familias que ahorra e invierte.
Encuentro una tercera vía por la que este proyecto arriesga el futuro de nuestra economía. Muchos de los pisos considerados vacíos (no se han atrevido a decir cómo iban a determinar que un piso estaba vacío aunque ya sabemos que el gobierno catalán recurrirá al espionaje y la delación) son viviendas para las vacaciones, sobre todo de ciudadanos extranjeros. Me pregunto cómo justificarían la no expropiación de estos pisos porque la aplicación de esta medida a estos apartamentos supondría un golpe brutal a la industria turística española.
En fin, una medida que parecen estar abandonando antes de presentarla, para fortuna de todos, y que, además de un ataque al derecho a la propiedad privada (que nunca han respetado), supone un dislate que arriesgaría la estabilidad, ya precaria, de nuestra economía.

Escrito por Feyn Dem en: 26 de Octubre 2005 a las 08:04 PM