Pues sí. Según las “autoridades” chinas, su política de censurar el acceso a la información en internet para sus ciudadanos es equivalente a la actitud de muchos medios privados que impiden que en sus páginas se introduzcan mensajes groseros, obscenos o ilegales.
Comparemos. Yahoo! Y el New York Times, los dos medios mencionados por un empleado de la dictadura comunista asiática, son medios privados, quiere esto decir que sus páginas web son propiedad de los dueños de esos medios, que pueden definir libremente las condiciones en las que cierta información se muestra en sus páginas. Si a uno no le gustan las limitaciones que imponen esas páginas se marcha a otra o se monta una propia.
Así pues, y siguiendo la comparación con la que se trata de justificar la censura, China (y en este concepto se incluye un territorio y una población) es la propiedad privada de un puñado de funcionarios comunistas que pueden decidir qué información se hace accesible a quienes en ella viven. Y, concluyendo, si los habitantes de China tienen un dueño que decide qué información les llega y cuál no, qué informaciones pueden transmitir y cuales no saldrán nunca de sus bocas, ¿qué otra posibilidad queda que llamarles, como a todos los que viven bajo una dictadura, esclavos?