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19 de Junio 2006

Desconectados

Para muchos el dato más relevante que arroja el referéndum de ayer en Cataluña fue el de la escasa participación. Al margen de lo legitimado que quede un texto que será aplicado con un respaldo popular tan escaso, lo que más me llama la atención es la tendencia que muestran los políticos españoles a meterse en charcos al grito de “los ciudadanos lo exigen” para que luego esos mismos ciudadanos se queden en su casa o en la playa y no se acerquen a las urnas ni por curiosidad.
Repasando los índices de participación en los referendos que en España han sido en las últimas décadas pasamos de los altísimos índices de participación de dos primeros (el de la ley de reforma política y el de la Constitución del 78), uno aceptable en el de la OTAN (casi 60%) y el ridículo inconmensurable del último sobre la “constitución europea” (menos del 42% de participación que algunos siguen vendiendo como un éxito). Ahora podemos sumar en Cataluña una participación inferior al 50% en un referéndum sobre la reforma del Estatuto de Autonomía. Dando por hecho que todas las cuestiones consultadas (salvo en el caso de la OTAN) se refieren a importantísimas reformas del sistema político tendremos que concluir que esos proyectos han conseguido una implicación cada vez menor de los ciudadanos. Es decir, que los grandes planes de los políticos poco tienen que ver con los proyectos y preocupaciones de los votantes.
Eso, en un sistema como el nuestro, es posible que tenga poca importancia y menos consecuencias pero abre la puerta a proyectos paralelos que sean capaces de atrapar la atención del ciudadano desencantado con la actual escena política. Tenemos un ejemplo, cuya dimensión está por demostrar, en Ciudadanos de Cataluña, un proyecto civil, poco ideologizado pero muy cercano a las preocupaciones de un grupo importante de votantes (y no sólo en Cataluña). Esa es la opción “buena”, la aparición de agrupaciones cívicas críticas y alejadas de la burocracia de los partidos “institucionales” supondría un soplo de aire fresca más que necesario en nuestras instituciones. Pero también existe el otro lado. Las actuales circunstancias también favorecen la aparición de demagogos de todo tipo que puedan aprovechar las preocupaciones ciudadanas mal atendidas para hacerse un hueco en la política nacional. Grupos como ERC ya podemos considerarlos como un ejemplo de este tipo de elementos y no me cabe duda de que aparecerán más.
Durante cuánto tiempo podrán los partidos “tradicionales” mantener su electorado más o menos cautivo frente a opciones que, para bien o para mal, tratarán de encontrar un espacio propio dependerá en gran medida de que esos partidos reaccionen y abandonen sus faraónicos proyectos a cambio de una política de gestión de los problemas reales de los ciudadanos. No es que tengamos demasiadas muestras de que ese sea el camino de los grandes partidos nacionales y cuanto más desconectados queden del común de los mortales más sencillo será que en el futuro tengan razones para echarse las manos a la cabeza.

Escrito por Feyn Dem en: 19 de Junio 2006 a las 07:10 PM
Comentarios

Roca con el reformismo de centro, Jesús Gil, Manuel Pimentel, todos los nazionalismos son el fruto de lo que comentas.
Lo preocupante no es que aparezcan, lo alucinante es que existan cenutrios que los voten.

Posted by: davidbm en: 19 de Junio 2006 a las 08:18 PM